Copia de "El beso" de Gustav Klimt, por Miguel Norberto Sánchez López.
Sobre "El Beso", de Gustav Klimt:
Puede que Apolo besara su laurel mientras brotaba en rizomas olorosos. Tal vez Dafne rindió su rostro a Ovidio. Quizás el hombre fuese más fuerte y ella una mujer débil, rendida entre sus brazos, atrapada entre él y un negro abismo.
Y sí, tal vez, después solo quedó ceniza, olvido, miedo.
Yo..., yo me quedo en el beso
Un segundo de miel resbala apetitoso
y el arco de mi carne se hace tenso en tu abrazo.
Labio a labio el deseo
urdiendo, piel a piel,
esta lujuria caliente que nos ciñe.
Un puente bullicioso
copulando
tu continente inmenso,
mi inmarcesible isla.
Y la mejilla.
Ofrecida en barbecho,
la tierra abierta toda
para que el labio hurgue y polinice
y siga el rastro tenue
de la humedad perenne de mi boca.
Poema de Soledad Sánchez Mulas
Publicado en "Paseo poético, El amor y otros poemas, A.C.O.M. 2009"
Gracias, Soledad.
Antes de ver y leer este blog, quiero dar las gracias a una maravillosa y gran poetisa, a la que una noche, el veintiocho de mayo de 2010, vi recitar un poema en la Casa de las Conchas. Sus versos me entraron en el alma. Ella es amiga y compañera del fatigoso trabajo.
Yo le preguntaba cómo escribía poesía y ella me enseño, con voz de poeta, que también yo podía escribir. Me contó que los versos deben salir del alma, que hay que trabajarlos noche y día, leer mucho, entender la rima, los alejandrinos...
Esta mujer se llama Soledad.
Yo comencé a escribir, ella me animaba, me indicaba, me corregía...
Lo que he aprendido se lo debo todo a ella.
Quiero expresar que es un pedacito de mi alma y la niña de mis sueños.
La poesía es igual que la música: perfume y néctar de las cosas, belleza que sólo el alma percibe, luz que no se ve pero que se adivina... por eso voy caminando con el sueño de mis versos a cuestas.
Y de cuando en cuando, los lanzo al aire.
Gracias, Sole.
Yo le preguntaba cómo escribía poesía y ella me enseño, con voz de poeta, que también yo podía escribir. Me contó que los versos deben salir del alma, que hay que trabajarlos noche y día, leer mucho, entender la rima, los alejandrinos...
Esta mujer se llama Soledad.
Yo comencé a escribir, ella me animaba, me indicaba, me corregía...
Lo que he aprendido se lo debo todo a ella.
Quiero expresar que es un pedacito de mi alma y la niña de mis sueños.
La poesía es igual que la música: perfume y néctar de las cosas, belleza que sólo el alma percibe, luz que no se ve pero que se adivina... por eso voy caminando con el sueño de mis versos a cuestas.
Y de cuando en cuando, los lanzo al aire.
Gracias, Sole.
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